SANTÉ KEFIR, EQUILIBRANDO TU VIDA

Tener una buena noche y dormir a gusto es algo que muchas personas deseamos, y que muchas veces no logramos. Los pendientes del día a día, los asuntos no resueltos y todo lo que cargamos en nuestra rutina, suelen mantenernos en un estado de no descanso, aunado a eso, el estar en el celular por la noche o viendo la tele en cama, agravan la situación pues en ocasiones se convierte en un círculo vicioso.

Al no dormir bien, hay alteraciones en nuestro organismo, y pueden resultar en ansiedad y/o depresión, los cuales a su vez nos quitan el sueño y ahí nos mantenemos en ese loop interminable de mal dormir.

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Ya hemos visto que la microbiota tiene un papel importante en nuestra salud en general pues impacta en nuestro sistema inmune, digestivo, mental y en funciones corporales generales, incluida la posibilidad de una buena noche de sueño. Por ello mantenerla en equilibrio puede beneficiar esa parte de nuestro día.

Existen trillones de microbios en nuestro cuerpo, controlando muchas funciones y manteniéndonos saludables, y cuando se desequilibran  por estrés, la edad, la alimentación o bien el tomar ciertos medicamentos, es cuando se produce disbiosis intestinal que es una alteración de nuestra microbiota, dando paso a las enfermedades autoinmunes, la inflamación, las alergias, la obesidad y ciertos tipos de cáncer entre otros desequilibrios.

Para lograr mantenerla en equilibrio es recomendable incluir en nuestra alimentación tanto probióticos como prebióticos. Los primeros son organismos vivos, bacterias buenas, similares a las que ya viven en nuestro intestino, se encuentran en fermentos como el Kefir y algunos suplementos. Los prebióticos son carbohidratos no vivos y no digeribles que se encuentran naturalmente en una variedad de alimentos, como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Y que sirven de alimento para los probióticos, ya que nosotros no somos capaces de digerirlos, pasando directo a alimentar a las bacterias buenas. Juntos, ayudan a crear un intestino equilibrado para mantener nuestro sistema inmunológico, cuerpo y mente saludables.

Se ha descubierto que hay una comunicación bidireccional entre nuestro cerebro y el intestino, y que la salud intestinal afecta directamente en la salud mental de las personas. Es bien sabido que quienes padecen de ansiedad y depresión, sufren de insomnio. Como el 90% de la serotonina es producida por la microbiota, y esa hormona afecta nuestro estado de ánimo, si sufre un desequilibrio, se incrementa el riesgo del no poder dormir.

Además, nuestra microbiota juega un papel importante en la producción de compuestos importantes para el sueño. Junto con la serotonina, que es un compuesto que induce el sueño, la microbiota intestinal es responsable de producir precursores, como el triptófano. El triptófano es un precursor tanto de la serotonina como de la melatonina, una hormona que regula nuestro ciclo de sueño-vigilia. Cuando la microbiota intestinal está en un estado de desequilibrio, la producción de estos compuestos puede disminuir y no se envían suficientes a los receptores en nuestro cerebro, lo que puede afectar nuestra capacidad para conciliar el sueño y permanecer dormido.

Investigaciones recientes también muestran que la conexión entre nuestro intestino y el sistema inmunológico puede desempeñar un papel en un ciclo de sueño saludable. Nuestro intestino es el hogar del 70-80% de nuestras células productoras de inmunidad, lo que lo convierte en el sitio más grande de respuesta inmunológica y liberación de citocinas de nuestro cuerpo. La interleucina-6 (IL-6) es una citocina proinflamatoria que está conectada negativamente con nuestro sueño. Cuando nuestro intestino está desequilibrado, las concentraciones de IL-6 pueden aumentar, lo que los estudios sugieren que afecta negativamente nuestra capacidad para conciliar el sueño y permanecer dormido.

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Los probióticos son bacterias buenas que equilibran el intestino para ayudar a la respuesta inmunológica, manteniendo reducidas las concentraciones de IL-6 y nuestro ritmo circadiano bajo control.

Los ritmos circadianos son cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo de 24 horas. Estos procesos naturales responden, principalmente, a la luz y la oscuridad, y afectan a la mayoría de seres vivos, incluidos los animales, las plantas y los microbios.