SANTÉ KEFIR, EQUILIBRANDO TU VIDA

Durante miles de años, nuestros antepasados usaban las fermentaciones tanto para conservar alimentos como con fines medicinales por dos razones principales: eran muy nutritivos y, aunque entonces no se sabía, contenían grandes cantidades de microbios con propiedades beneficiosas para la salud, naciendo así los probióticos.

La cerveza fue (y sigue siendo) una bebida fermentada muy consumida y, al igual que el vino, parece tener su origen en el Neolítico (entre el 6.000 a.C. y el 3.000 a.C.) Aunque su consumo fue y es más relacionado a la cantidad de alcohol que nace de la fermentación, que a sus propiedades beneficiosas para la salud, siguen siendo el fruto de una fermentación, lo cual les otorga cierto rasgo saludable, sin exceso claro está.

Existen unos 3,500 alimentos fermentados (incluyendo las bebidas) en el mundo. Los productos fermentados son consumidos hoy en día por miles de millones de personas, ya sea como alimentos básicos o como complementos de la dieta. Muchos de ellos son similares a aquellos que se empezaron a elaborar durante el Neolítico y que gracias a sus propiedades nutricionales y funcionales, y a su arraigo en las sociedades en las que se producen han llegado con plena vigencia hasta nuestros días, tanto en los países en vías de desarrollo como en los desarrollados. Todos ellos son fuentes atractivas para el aislamiento de cepas probióticas.

La fermentación modifica la estructura de los productos utilizados como frutas, cereales, vegetales o carnes, a través de microorganismos que fomentan la producción de ácidos orgánicos como el ácido láctico, butírico y propiónico, así como alcoholes, etanol y láctico. Esto tiene la capacidad de modificar el sabor, olor, textura o color de los alimentos.

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El Kefir, es uno de esos fermentos que ha logrado permanecer al paso de los años, siendo muy apreciado pues se le otorgan propiedades de longevidad y vitalidad si se le consume desde etapas tempranas.

Elie Metchnikoff del Instituto Pasteur, ganador del premio Nobel en Biología, fue el primero en sugerir en 1908, que los Lactobacillus, podrían contrarrestar los efectos de la putrefacción en el metabolismo gastrointestinal. Él atribuyó la longevidad y vida saludable de la población de las montañas del Cáucaso al consumo de esta leche fermentada; el Kefir.

A partir de su cultivo en leche, en algún momento posterior se empezó a cultivar en agua azucarada. Pero son los pueblos del Cáucaso (Armenia, Georgia, Turquestán), los que han usado el kefir desde la antigüedad. Allí ha sido un alimento básico en la dieta, desde la más tierna infancia hasta la vejez de sus habitantes.

En las zonas donde se ha consumido Kefir desde siempre, eran desconocidas enfermedades como el cáncer, la tuberculosis o los desarreglos intestinales, entre otras.

Con solo 30 ml. al día de Kefir Santé, puedes empezar a ver resultados favorables en tu salud, de preferencia acompañado de buenos hábitos alimenticios y hacer ejercicio. Nada complicado, ¿Cierto?

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